
La película cuenta una historia de fantasía entre un anciano y un niño que viajan en una casa voladora. Deja un marcado mensaje de optimismo y de cumplir los sueños.
En el cada vez más vertiginoso cine animado ya se ha visto prácticamente de todo. Cualquier clase de superhéroes, pingüinos parlanchines, osos karatecas, leones y jirafas de zoológico perdidos en la jungla, juguetes que cobran vida y que sueñan con aparecer “al infinito y más allá”, monstruos asalariados, hormigas, abejas, cucarrones y todo tipo de bichos con obstáculos muy humanas, ratones cocineros, ogros bonachones, en fin.
Por eso al ver alguna nueva película de este género es imposible no caer en la comparación y notar ciertos parecidos con otra antes vista.
Con Up, una aventura de altura, la más reciente entrega de la compañía Pixar, empresa creada como división de cine animado de Disney, pasa algo muy similar.
Carl es un anciano solitario y malhumorado de 78 años que emprende un viaje surreal desde su progresista ciudad norteamericana hacia Suramérica (otra vez vista como un territorio indómito, desconocido y salvaje), a bordo de su casa, a la que ata miles de globos de helio para emprender vuelo.
Pero los problemas para el viejo comienzan en el momento que se encuentra con Russell, un insoportable niño explorador de ocho años que sin querer termina incluido en el viaje.
Es imposible no realizar la comparación con la conocida historia de Daniel el travieso, pues el pequeño se convierte en la pesadilla del viejo sin embargo a la vez en el motor de una historia llena de momentos divertidos entre los dos.
El objetivo del viejo es cumplir el sueño de su difunta esposa de llevar su casa hacia las peligrosas y desoladas “Cataratas del Paraíso” (qué nombre tan diplomático), sin embargo en el viaje Carl y Russell se encuentran con toda clase de aventuras y peligros, entre ellos una exótica ave amante de las chocolatinas, un perro inteligente que “habla” lo que “piensa”, y el infaltable opositor o enemigo de que los protagonistas cumplan su deseo, representado en un perverso y huraño científico loco.
Y a pesar de los inevitables parecidos con otras películas recientes, Up, una aventura de altura logra conservar la atención del público gracias a apuntes divertidos y a un cuidado manejo en el contraste entre el enérgico sin embargo inexperto niño y el anquilosado sin embargo trayecto anciano, que llenan de vida la historia y que al final dejan claro el mensaje que en la vida hay que conservar hasta el final el ánimo “arriba”.
Vía | La Patria
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